Voy a los templos, a los palacios, a los museos donde habitaba la grandeza y solo queda la belleza.  Al templo voy a rezar, al palacio voy a buscarte y al museo voy a tratar de transformarte en pasado, en reliquia, en objeto a visitar.
Me aterroriza la idea de que te transformes en desafío, en objeto de adoración y a ver cuántos años puedo juntar para decir ¡mirá la cantidad de años que llevo queriéndote! Así que no iré más a los museos. 
Prefiero leerte en un libro que alguna vez publicaré y que se llamará "Por vos vivo. Por vos malvivo" y así será la historia de cómo te transformaste en verbo. Pero cuando tenga las cajas de los libros con tu verbo y empiecen a juntar tierra y tristeza, ya no querré que seas verso. 
Entonces mataré un bosque para hacer una casa donde esté a salvo de este amor venenoso. Y miraré las estrellas desde mi techo vidriado y pasaré tanto tiempo contemplándolas que aprenderé a distinguir las vivas de las muertas. Pero llegará el día en el que habré nombrado una constelación que estará formada por cada estadio de mi amor y ya no querré mirar para arriba así que taparé el techo y me acostumbraré a dormir boca abajo. 
Conoceré las arrugas de las sábanas de memoria y podré distinguir las horas del día de acuerdo a las sombras que formen en nuestra  mi cama. Pero otro día llegará en el que no quiera dormir más en camas con sábanas así que empezaré a usar hamacas. Y cada bamboleo me adormecerá y será como estar en el mar naufragando lejos de vos. 
Al fin la paz de los ojos cerrados y la vida que se apaga sin querer quieriéndote.

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Sofía Ferrero Cárrega

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