THE POLLA SITUATION: CAP III


Capítulo I, II



Se acercaba mi día libre, así que decidí que lo pasaría con mi nuevo Amante, explorando los intersticios del lenguaje y de la lengua.
Recomendación: no utilizar la “visita sorpresa” con el amante porque, aunque una sea nueva en esto de coger y después conocer al objeto cogido y por más difícil que resulte desactivar el chip tratalo-como-un-novio, hay que intentarlo, para no encontrarse con sorpresas.
El caso es que yo sabía que esa tarde estaría solo y trabajando y por varios días me venia insinuando que quería probar el helado servido en mi espalda y el momento no podría ser mejor: día libre, sin apuro, calor justo, sorpresa, ropa interior a estrenar.
Así que me duché, elegí vestuario, alcé necessaire de básicos (cepillo de dientes, bombacha 2, preservativos, chicles) y pasé por la heladería eligiendo con cuidado los sabores que, como un perfume, quedarán mejor con mi piel.
Una vez en el lugar del delito, le envío un mensaje:
“Estoy abajo y te advierto: estoy muy guapa”.
Me llama. De fondo se escuchan gritos que no se decir si salen de su celular o de su ventana.
- ¿Dónde estás? ¿Abajo de dónde?
- Tuyo no. Por el momento.
- ¿Estás aquí?
- Si. ¿Estás ocupado?
- Bueno. No. Pero pasa.
Después de superar la sensación de québoludaquesoyporquénoleaviséquevenía, subí.
- Pasa, pasa- dijo él, al que me costó distinguir porque había otros siete muchachos alrededor, sentados, agitados, viendo una pantalla de televisión.
Era la final de la Copa algo de Europa y jugaba España con Alemania.

- Traje helado- fue lo único que me salió.
- ¿Helado? -Dijo el coro de bestias acaloradas. No era el destino que había imaginado para el Super Chocolate pero al menos sirvió para que me dejaran participar del ritual.
Mientras devoraban el kilo y medio que debería estar derritiéndose en mi espalda, dentro de la pantalla alguien hizo un “penalti” (lo entendí después: un penal)
- ¡Cabrón, pero qué picha floja!
- ¿Picha floja qué sería?- pregunté en voz baja al amante.
- Picha floja, polla boba.
Ah, pero cómo me habría servido esa definición en varias ocasiones...
Al rato entendí que hacía cuarenta años que España no pasaba de cuartos de final en la Eurocopa; que estábamos viendo la Eurocopa; que cuando los alemanes se cabrean, alguien sale herido y que la mayor amenaza era Balak, un alemán que estaba re fuerte y jugaba sucio.
- Así que Balak. ¿Y le dicen el Balak perdida?
Nadie entendió pero todos me miraron con cara de por qué no te callas.
- ¿Más helado? ¿Mmm?- atiné a decir.
A los veinte minutos la muchachada había desplegado un repertorio envidiable de insultos ibéricos.
- ¡Pero me cago en la bigornia! – exclamó el más compenetrado.
- ¡Coño Villa, ¡Espabila, joder! Y cómprate una brújula!-
- Y de paso ¡cómete un rosco!
No hizo falta preguntar. El amante precedió a explicarme.
- Vete a freir chuchangas, que le den por culo, a tomar por culo. ¿Entiendes?
Claro que entendí. Y ese día tomó sentido la frase de la película: Hay que ver lo rico que es el castellano a la hora de insultar a una persona.

El caso es que ganó España. Dato nada despreciable porque el ánimo del amante estaba allá arriba. La muchachada, claro, lo invitó a festejar pero él amablemente me miró y les dijo:
- Chavales, me quedo a festejar aquí.
- Naturalmente, hombre. Con una tía tan pija…
Desconcierto again. ¿Me acababa de decir pija?
- ¿Disculpa?
- Una chica tan guapa, tan bien. Con todo respeto, claro.
- Ah, pues, muchas gracias entonces.

Y así pasó mi día libre. Entre hombres en pantalón corto corriendo una pelota y hombres agitados comiendose mi fantasía mientras veian a hombres en pantalón corto corriendo una pelota.
Por suerte ganó España y mi día terminó mucho mejor: con unos penaltis cada vez mejor embocados.

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Sofía Ferrero Cárrega

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