TU NOMBRE SOBRE EL MIO: CAPITULO VII


Capítulo I, II, III, IV, V, VI


SATIVA NIMBUS

- Te invito otra cerveza. O prefieres vino.
- Solo si tienes el suficiente- arremete ella, confiada y feroz.
- ¿Estás sola?
- Si, pero estoy trabajando para remediarlo.
- ¿En qué puedo colaborarte?
- Veremos. Por ahora con llenar mi copa es suficiente.
- Hazme saber cuando deje de serlo.
- Tu suerte depende de que te des cuenta solo y a tiempo.

Así que eso hace. La agarra de la cintura para acercarla y la besa en una maniobra precisa. Deja un billete sobre la barra, le toma la mano y decide cuál será el destino de sus caderas en las próximas horas.

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En la otra mitad del mundo, él prepara su ritual de cada noche.
Se ubica hedonista en el sillón que es su cuerpo; en la habitación que ha sido su hogar los últimos cuatro años.
Carga vaso, carga pipa, elige película y contempla, clara, la línea en el horizonte que marca el fin de una era. Entonces lo arrasa una tristeza ontológica, anciana que no intenta entender. Esta noche se deja sentir por la tristeza para ver a dónde llega; a dónde lo lleva; qué trae; qué se lleva.

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Se siente hermosa y confiada, y responde con la lengua y el cuerpo los privilegios de la noche.
Ella es pura piel mientras su cuello es pacientemente estudiado.
Oportuno se detiene en las orejas y descubre que la maravilla anida en su lóbulo. La cama parece ser su hábitat natural y dan comienzo así a la danza preliminar.

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Media botella de ginebra más tarde, él logra formar el nombre de ella con el humo.
Dispuesto a largar el humo de la última seca, ella le tapa la boca con la mano, gesto que él responde besándosela.
Sin decir palabra, le da un beso en la esquina de la boca. Él cierra los ojos y se entrega. El beso recorre su cuello, debajo de la oreja, la ceja y los párpados, momento exacto en el que comienza a ronronear.
Abre lo ojos y la mira. Ahora es su turno. Le marca, punto por punto, la ruta que quiere que siga su boca.

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En medio de una danza solidaria, aparece una ginebra y su garganta es tobogán y ella que descubre la libertad, y ella que empieza a reír, y su espalda que es tobogán.
Ni sanos ni salvos terminan lo que ya no saben cuándo empezó y salen a rencontrarse con la calle y el cielo nublado.
Decide que su noche termina y toma el camino de regreso al lado izquierdo de su cama.

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La boca es la línea de llegada y llegan juntos a destino, con la última seca, con el último trago, justo cuando él se duerme y la película termina. Justo cuando ella aterriza de vuelta a su cama, al otro lado del mar.

2 comentarios :

Anónimo dijo...

La Ginebra!! siempre he sabido que lleva a la gente mas allá de los límites de la ebriedad, conduce a estados nirvánicos, amorosos, trascendentes, cachondos...
La Ginebra es sin dudas mi bebida preferida, bueno y el vino rojo (Tanat si es posible). Pero nada logra en mi lo que la ginebra logra. Hay bebidas que se toman y te dejan marcas para siempre, se te meten en el cuerpo.

Qué buen texto!!! Te leo y te intuyo...

Antonio G

vic dijo...

acerco la naríz al pico de la botella de ginebra y ya estoy lista para todo el viaje.

hacemos así, yo soy tus ojos en Córdoba, te muestro lo conocido, lo familiar.

vos sos mis ojos allá, me mostras lo que me gustaría conocer, lo que todavía no he visto y quizá nunca conozca.

eso y que buen relato pordió!

beso grande.

Sofía Ferrero Cárrega

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