TU NOMBRE SOBRE EL MIO: CAPITULO IX




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MALEVAJE

Pasan los días y ella ya no recuerda las cosas que le gustan de él. Los días que pasan y las cosas que van muriendo.
Hurga en su memoria y no logra distinguir el momento en el que empezó a quererlo.
Puede distinguir, si, lo opuesto. El momento en que le empezó a doler. Porque él le duele. Quizás porque dice lo que se ha desacostumbrado a escuchar. Lo que con su belleza ha logrado evitar. Que la traten como una más. Que se enojen. Será que no verse quita del medio la posibilidad de que sus ojos hipnoticen su enojo.
Será que es esa clase de amor, intenso y profundo. De peleas que empiezan y terminan con un beso.
Ella repasa las pocas cosas que él le ha dicho y todo le suena impostado.
Nadie se mueve de sitio.
Ambos saben que es un momento crucial y que todo depende de cómo se resuelva esta situación.

Abatida y triste, ella retorna a su cama. La misma que la espera inmutable y segura cada noche. La cama donde sueña, descansa y envejece preguntandosé dónde fue todo eso que criaron juntos. Qué pasó.
Cierra los párpados aun sin poderse acordar. Ha perdido lo que ninguna foto puede devolverle y da tantas vueltas en la cama como vueltas dará la tierra sobre si misma hasta que finalmente se encuentren.

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Él comparte trabajo con otras 30 personas, cada una en su compartimento, mirando una computadora, hablandole a la nada.

Por día habla con cientos de personas que no ve ni conoce. En su vida de nuevo, lo virtual y toda esa rutina que lo remite a ella y a ellos que no son nada por fuera de una computadora.
Mientras todo esto le explota en la cabeza, recibe el próximo llamado.
Del otro lado, otro reclamo. Ya no puede escuchar un solo reclamo más y menos de alguien que no puede ver y le sale la bronca:
- Escucheme señora, quién le dijo que se vaya a vivir a la loma del orto, ¿eh? ¿y ahora pretende que la tecnología le solucione las dificultades para comunicarse? Nosotros acá sufriendo las resacas de los pedos que se agarran en el primer mundo, cobrando miserias para escuchar sus reclamos, capitalistas usureros, banqueros de pobres, resacas de humanidad, vayanse a cagar, o como dicen allá, que les den por culo a todos!
Y asi, en ese acto catártico, sonrió y se rencuentró con los motivos por los que empezó, meses atrás, el ritmo alocado que se impuso.
Todo le vuelve como una vieja canción favorita. Así que se levanta y va derecho a la agencia de viajes por el billete que años de ahorro y meses de reclamos le permiten comprar.

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Ya hace unos días que a ella le arden en la cabeza las razones que le permiten seguir enojada y hay una fuerza continua que puja sobre todas las conseciones y argumentos que le permiten seguir enojada: lo extraña y no hay fuego capaz de apagar eso que le arde. Al fuego, más fuego. Eso es lo que le pasa.
Así que sale a rencontrarse con la noche nublada y vuelve al lugar del crimen, buscando lo mismo que días atrás. Disipar la nube en la que él se ha convertido.
En el mismo bar encuentra los mismos ojos que la miran y le prometen el mismo destino para su cintura.
Apogeo del placer, balanceo de ese mar que son los dos y ella que baila sobre ese cuerpo que comienza a disfrutar y todo lo que logra que no le moleste y se le va la cabeza y se acuerda. Recuerda de golpe su cara y el momento en que lo empezó a querer y dice su nombre. En plena danza con otro, ella dice su nombre.

2 comentarios :

sebastian camargo dijo...

entro no mas... sofi ya se que sos sofi siempre lo supe... sobre todo cuando vi escrito tu nombre en el blog de pablo... un link.
espero que te vaya de puta madre o al menos estes en vos viviendo todo lo que sucede. inside-outside

que buena narracion que hay en la historia. ilove it this capitulo
un abrazote desde aca

El idiota posmoderno dijo...

que historia más triste, y ¿como sigue esto? ¿siguen las desiluciones?

Pedro.

Sofía Ferrero Cárrega

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